Una fotografía es un secreto sobre un secreto, cuanto más te dice, menos sabes– Diane Arbus

Cuando Diane Arbus se suicidó en 1971, su hija Doon Arbus y su amigo Marvin Israel se dispusieron a recuperar la mayor cantidad de material que pudieran encontrar de la autora neoyorkina para poder publicar un libro sobre ella.  Durante el proceso, descubrieron que un alumno japonés que admiraba su trabajo había estado grabando las clases que dio en 1970 en Westbeth. Quizás sus propias palabras les ayudarían a comprender mejor, cuál era el secreto tras el secreto que ocultaba su fotografía.

Así lo explica la propia Doon en el documental Ir a donde nunca he estado, donde recopila estas grabaciones cuando afirma: “de niña, tenía esa sensación de que la fotografía era una especie de secreto de mi madre. No quiero decir que el proceso sea un secreto, o que ella fuera reservada, porque realmente le gustaba hablar de fotografía, y le encantaba contar dónde había estado o con quién. Pero realmente algo de lo que pasaba cuando ella estaba ahí, era un secreto”.

El secreto de Diane

Nacida en una familia adinerada de la Gran Manzana en 1923, su infancia pasó bajo la protección económica de los propietarios de los almacenes Russek’s, su padre David Nemerov, y la heredera, su madre Gertrude Russek.

La mayoría de los análisis de la obra de Diane Arbus se centran en sus infancia y adolescencia para explicar su atracción por lo desconocido, por lo extraño, por lo peligroso. En la contradicción entre una vida acomodada y unos padres totalmente ausentes que mantuvieron aislados a sus tres hijos, rodeados de sirvientes pero sin el menor rastro de un sentimiento familiar que los uniera.

Patricia Bosworth afirmaría en su reportaje sobre la figura de Arbus publicado en The New Yorker en 1984, que “tener miedo le dio placer, y mucho más tarde recordó que le encantaba quedarse en su habitación a oscuras por la noche esperando que los monstruos vinieran y le hicieran cosquillas hasta matarla”.

Seguramente, mucho de verdad tiene aquella afirmación, y los análisis de quienes mejor conocen la obra de Arbus. No obstante, si seguimos el rastro de sus propias palabras, hallaremos la solución, también centrada en la infancia, aunque desde otra perspectiva: “Una de las cosas que sufrí cuando era niña fue que nunca conocí la adversidad. Sentía una sensación de seguridad irreal, y esta sensación de ser inmune, por ridículo que parezca, fue para mí doloroso”.

Ir donde nunca he ido

Seguramente ese el motivo de que el mayor placer para la Diane adulta fuera ”ir donde nunca he ido”, tal y como le explicaba a sus alumnos de Westbeth. Pero no ir con las manos vacías: “si sólo fuera curiosa sería muy difícil decirle a alguien: quiero ir a tu casa y quiero que me cuentes la historia de tu vida, la gente me diría tú estás loca y se mantendrían distantes”. Sin embargo, “la cámara es una especie de licencia, y hay mucha gente que quiere que se le preste atención”.

De esta afición, de este impulso por adentrarse en lo desconocido, su marido Allan afirmaría después: “Siempre supe que nuestra separación la convirtió en fotógrafa … Yo no hubiera soportado los lugares a los que iba: me hubiera horrorizado.”

Freaks, aristócratas de la vida

Uno de los temas por los que más se recuerda a Diane Arbus es por sus fotos de personajes extraños, de los llamados freaks. De aquellas personas a las que evitas mirar cuando paseas por la calle. De ellas, siempre dicen los críticos que son imágenes difíciles, a las que te tienes que enfrentar si quieres soportarlas.

Carlos Colorado recoge una cita de Edward Weston que quizás nos ayude a comprender lo que se siente cuando se ve a un gigante judío junto a sus padres, o a un niño con rostro de loco sujetando una granada, a una travesti mirando fijamente a la cámara, o un enano sonriente destilando una extraña belleza: (sus fotografías) “… expresaban incredulidad, curiosidad, escándalo, devoción, jamás indiferencia. Con Arbus eso no es posible. Quien se detenga ante una de sus fotos, sentirá que algo se le quema por dentro.”

Una de sus mayores influencias y mentora, la fotógrafa austriaca Lisett Model recuerda que le dijo: “No puedo hacer fotografías porque lo que quiero fotografiar es malvado”, a lo que la profesora le contestó: “Malvado o no, si no haces lo que estás obligada a fotografiar, nunca fotografiarás”.

Al final un conflicto que ella misma resolvió. Así se lo contaba a sus alumnos en 1970, en unas palabras en las que no queda rastro de esa moralidad, seguramente impostada, que le mostraba a su profesora:  “Fotografié muchos freaks en mi vida. Fue uno de los primeros tema que traté y me proporcionaban un emoción especial. Los adoraba. Hay una cualidad legendaria acerca de los freaks, como una persona en un cuento que te para y te pide que contestes una adivinanza. Quiero decir, si alguna vez hablaste con una persona con dos cabezas, sabes que ellos saben algo que tú no sabes”.

Y eso hacía arder la excitación y la emoción de Arbus, ese era la quemazón del estómago que le había enseñado Model. Lo que la impulsaba a buscar en lugares desconocidos, personajes desconocidos y olvidados, e inmortalizarlos con su cámara: “Creo verdaderamente que hay cosas que nadie vería si yo no las fotografiase”.

Pero más allá, los admiraba. La niña que todavía vivía en ella, la que nunca vivió la adversidad, la que simplemente la disfrutaba en las fantasías de los monstruos que le hacía cosquillas sabía, y así se lo explicaba a sus alumnos que “la mayoría de la gente pasa por la vida intentando evitar pasar por una experiencia traumática. Los freaks nacieron con sus traumas, ellos pasaron su prueba en la vida, son aristócratas”.

Las dos caras de la realidad

En Arbus siempre vivieron dos almas, de cuyo análisis se puede extraer su manera de ver, de mirar y construir el mundo a través de su cámara, y que ella misma nos explica: “En mí, y en las personas que fotografío, siempre hay dos caras, que suceden simultáneamente…Todos tenemos esa necesidad de vernos de una determinada manera, pero realmente nos vemos de otra, y esa es la que la gente ve”.

Arbus es probablemente una de las fotógrafas que más odios y criticas ha soportado desde que se diera a conocer su obra. Célebre es la que realizara la también fotógrafa Susan Sontag, que curiosamente fue fotografiada por Diane. Para Sontag: “el aspecto más llamativo del trabajo de Arbus es que ella parece haberse enrolado en una de las misiones más vigorosas de la fotografía artística –concentrarse en las víctimas, en los desafortunados– pero sin el propósito compasivo que presuntamente debería perseguir dicho proyecto”.

A esto le podría contestar la propia Arbus sin rubor: “Cuando ves alguien en la calle, esencialmente lo que notas son los fallos”.

El secreto de Diane

Autorretrato. Diane Arbus

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Diane Arbus a través de la mirada de su hija

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Freaks, aristócratas de la vida

Gemelas Idénticas. Diane Arbus

Niño con una granada en el Central Park, 1962.

Un gigante judío. Nueva York, 1970. Diane Arbus

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Retratos de una obsesión - Trailer

Relación con los modelos 

Eso es lo que pretende captar, y de eso precisamente le han acusado mucho de sus modelos, quienes se sentían engañadas. Así nos lo muestra Carlos Colorado en su artículo recogiendo la experiencia de Germaine Greer, “notable feminista que fue fotografiada por Arbus. La académica se quejó amargamente de la experiencia, pues se dio cuenta de cómo la fotógrafa accionaba la cámara cuando ella hacía una mueca o en alguna pose poco favorecedora”.

Una situación parecida relataría en su artículo Diane Arbus, su visión, vida y muerte la periodista Patricia Bosworth, sobre la sesión que mantuvo con la actriz amiga de Andy Warhol, Viva: “Diane tocó el timbre. Fue bastante temprano. Estaba dormida en el sofá, desnuda, así que me envolví con una sábana y la dejé entrar. Estaba a punto de ponerme algo de ropa cuando Diane me dijo ‘no te molestes, pareces más relajada de esa manera, de todos modos, solo voy a fotografiar tu rostro’. Yo la creí. Me hizo acostarme desnuda en el sofá y poner los ojos en blanco”

Y continúa: “Esas fotografías fueron totalmente falsas. Parecía drogada pero no lo estaba. No había nada natural en esas imágenes, nada espontáneo. Fueron planeadas y manipuladas. Diane Arbus me mintió y engañó. Confié en ella porque actuó como una mártir, un pequeño santo. En el fondo, ella era tan ambiciosa como todos nosotros”.

A estas quejas, podemos responder con las propias palabras de Arbus, que era consciente de lo que hacía y lo convirtió en una parte esencial de su trabajo: “Para hacer fotografía hay cierta amabilidad de la que hay que salir ya que el propio proceso fotográfico nos somete a un examen al que nos estamos acostumbrados”.

Mirar lo que los demás no quieren que mires

Lo que perseguía Arbus, la emoción que la impulsaba a apretar el obturador, siempre la tuvo muy clara. Primero la excitación de mentir, la misma excitación que la llevaba a deambular con su cámara por los lugares más oscuros de la oscura Nueva York. Después, tal y como ella misma afirmaba, captar lo que nadie quiere que sepas: “Todo nuestro aspecto está enviando señales al mundo para que todos piensen de un modo determinado sobre nosotros, pero hay una diferencia entre lo que uno quiere que la gente sepa, y lo que no puedes evitar que la gente sepa. Y eso tiene que ver con lo que yo llamo la brecha entre la intención y el efecto”.

Una brecha que la llevaría a su propio abismo, desbocada por la excitación y la depresión. Atraída en sus últimos años por la oscuridad que quiso evitar con sus potentes flash que despistaban a sus modelos, y que la cegó para que, en un impulso vital que venía desgastándola desde su infancia, diera por concluida su vida el 26 de julio de 1971, quizás para evitar que los demás miraran lo que ella no quería que viéramos, el secreto de vivir mirando.

Bibliografía

Diane Arbus, su visión, vida y muerte por Patricia Bosworth en The New Yorker el 13 de mayo de 1984

https://www.nytimes.com/1984/05/13/magazine/diane-arbus-her-vision-life-and-death.html

Diane Arbus por Daniel Oppenheimer

https://www.jewishvirtuallibrary.org/diane-arbus

Por Arthur Lubow el 14 de septiembre de 2003 en The New York Times

https://www.nytimes.com/2003/09/14/magazine/arbus-reconsidered.html?pagewanted=all

Diane Arbus, la princesa rota por Oscar Colorado publicado el 28 de septiembre de 2014

https://oscarenfotos.com/2014/09/28/diane-arbus-la-princesa-rota/

Diane Arbus, la realidad ante los ojos por Mariano Cuesta en eldiario.es 28 de mayo de 2016

https://www.eldiario.es/retrones/diane-arbus-realidad-ojos_132_3975973.html

En la imagen. Una nueva biografía de Diane Arbus por Anthony Lane en The New Yorker el 30 de mayo de 2016

https://www.newyorker.com/magazine/2016/06/06/diane-arbus-portrait-of-a-photographer

Diane Arbus, la realidad ante los ojos por Mariano Cuesta en eldiario.es 28 de mayo de 2016

https://www.eldiario.es/retrones/diane-arbus-realidad-ojos_132_3975973.html

Breve encuentro entre Diane Arbus y Susan Sontag por Débora Martínez en albomedia.com el 4 de enero de 2018

https://www.albedomedia.com/cultura/breve-encuentro-i-diane-arbus-susan-sontag/

Diane Arbus: la fascinación a través del tedio publicado en el elmmental.com el 13 de abril de 2019

https://elemmental.com/2019/04/13/diane-arbus-la-fascinacion-a-traves-del-tedio/

Diane Arbus, lo sorprendente en lo ordinario por Victoria Catta en historiahoy.com.ar el 14 de marzo de 2020

https://www.historiahoy.com.ar/diane-arbus-lo-sorprendente-lo-ordinario-n822

Documentales

DIANE ARBUS ‘Ir a donde nunca he estado’

https://www.youtube.com/watch?v=e6zzrmWiTRM