“Perdone, se ha equivocado, esto es Bellas Artes, aquí no tenemos nada que ver con fotografía”.

Bedel del Museo Reina Sofia a Cristóbal Hara en 1992

Estas fueron las palabras que le espetaron a Cristóbal Hara, cuando en el año 1992, recién abierto el Museo Reina Sofía, se acercó a preguntar por el departamento de fotografía. Por aquellos años, el fotógrafo nacido en Madrid en 1946, acababa de publicar Lances de aldea, un trabajo que según María Jesús Velasco “se aúnan la fotografía documental y la creación subjetiva… fruto de su acercamiento al toreo rural en España a través de sus amigos los maletillas”. 

Esta obra, Lances de aldea, a quienes hemos vivido la década de los 80 en la España de las dos submesetas y Andalucía, nos llevan directamente a los encuadres de nuestra infancia, al sabor de la arena de las plazas de pueblo, el olor a ducados de los guardia civiles mal encarados y los encuadres desde un punto de vista bajo, casi como la mirada inocente de un niño. Permitidnos esta licencia a la hora de valorar este trabajo que, quizás por la edad, quizás por la intención del autor, quizás por las experiencias propias, nos ha hecho viajar a la España de esa época, que Hara supo retratar como nadie. 

El trabajo de un fotógrafo

Volviendo a la anécdota, que cuenta el propio Hara a Roberto Villalón en una entrevista que aportamos en la bibliografía, ésta ilustra perfectamente lo que sucedió en nuestro país en aquellos años alrededor de la fotografía: “La profesión no se respetaba. Los fotógrafos eran unos parias, unos currantes que sacaban fotos. Pero la profesión no tenía ninguna dignidad. Lo primero que me chocó es que la generación anterior a la mía separaba lo comercial de lo personal. Lo comercial era el vete al partido a sacar fotos, al fútbol, a los toros o a las bodas. Y el trabajo personal sólo se podía usar en agrupaciones o cosas similares. Creo que esa es la base del problema que hay en España con la fotografía. La gente pensaba que el trabajo personal era algo que se hacía porque se quería y que cuando se publicaba era hacerte un favor”. 

Explorar el lenguaje

Finalmente el director general se disculparía, pero como dice el propio Hara, “eso ya nos muestra un poco cómo funcionaba todo”. Igualmente, el fotógrafo reflexiona sobre lo que se encontró desde el punto de vista del lenguaje: “Cuando yo llegué a España, los fotógrafos se clasificaban según qué fotografiaban, pero no por el cómo. Los lenguajes eran estándar, tipo Magnum-Life. Había muchos fotógrafos de la época que trabajaban con el mismo lenguaje. Hacían fotos buenas, pero tenías que mirar al pie de foto para saber quién la había hecho, porque todos eran iguales”.

© Cristóbal Hara

En su fotografía, Hara comienza a explorar los límites, a experimentar, a buscar lo diferente, un lenguaje único. A Villalón le cuenta: “¿Qué era el lenguaje? Pues había una serie de reglas: lo importante lo pones en el centro, o la regla de los tercios, o la importancia de las miradas… Toda la fotografía americana y la mundial está basada en el sentimentalismo de las miradas. O si haces refugiados hay que hacer la madre con el niño… lo que yo hice fue empezar a coger cada norma y buscar alternativas. Yo sabía cuál era la fotografía buena que había que hacer ahí, pero buscaba hacer otra distinta”.

“El fotógrafo debe ser parte”

Cristóbal Hara

Para comprender uno de los rasgos característicos de Hara, recurrimos a la publicación de María Jesús Velasco: La fotografía de la cultura popular a partir de la Transición española. En ese análisis de la fotografía de las últimas décadas del siglo XX, la autora, refiriéndose a Hara, destaca que “fotografiaba los muletillas, y las fiestas de España como como si formara parte de ellos, fusionando el documento con las emociones y obteniendo como resultado un trabajo de índole muy personal”. 

 No suele ocurrir, pero este análisis coincide plenamente con las reflexiones que el propio autor haría años después y que ha recogido en un magnífico monográfico el profesor de fotografía Gustavo Bravo (lo pueden encontrar en la bibliografía). Así, el madrileño aporta una reflexión acerca del papel que debe desempeñar el fotógrafo, que lo diferencia de la tradición fotoperiodística: “El fotógrafo debe ser parte”. 

Parte como él lo fue del vagabundear de los últimos muletillas puros de principios de los 90, como lo fue de la cultura española de los 80 y 90 recogida en sus múltiples viajes por los pueblos de la península. O como lo fue, en un ejemplo en el que lo verán aún más claro,  de aquellas quintas de jóvenes de los 60 cuando tuvo que volver a España para hacer la mili y evitar así que lo condenaran por prófugo. Fruto de aquella experiencia vital nacerían las primeras imágenes que crea y en la que ya se vislumbra su estilo.

Contraposición al fotoperiodista clásico

Decía Cartier-Bresson, a quien Hara admiraría en sus primeros años de carrera, que “no concebía trabajos en los que llegara como un turista por unos días, se apresurara a buscar la imagen y se fuera”.  Para él, había algo más: “¡Odio el turismo! Me gusta vivir en un lugar. Me disgusta ir períodos cortos. Rodin dijo: Lo que se hace con tiempo, el tiempo lo respeta”. 

Hara irá muchos más allá en esta línea de trabajo, hasta el punto en el que, utilizando precisamente como ejemplo al genio francés afirmaría: “El fotógrafo que va a una cultura exótica ya lleva consigo todas las respuestas sin querer. Es muy difícil ir a un sitio totalmente distinto y hacer un trabajo interesante. Es lo que pasaba por ejemplo con Cartier Bresson: fotografió por todo el mundo pero sus fotografías hechas en Asia son muy parecidas a las que hizo en Sudamérica porque en todos los sitios que iba era Henri Cartier Bresson”.

Trabajar desde dentro

Según él mismo explica: “los fotógrafos que más me gustan son los que trabajan desde dentro de su cultura … viviendo dentro de la cultura se puede profundizar mucho más. Son trabajos que me dan mucha más información: una información más interesante”.

Con esos mimbres, con esa idea clara y en la cabeza el fotógrafo madrileño ha ido tejiendo una obra en la que “ironiza a partir de crear enfrentamiento casuales entre lo dramático y lo cómico, la burla de lo sagrado con lo profano” (Velasco, 2011). 

De esta forma, según expresa en su trabajo María Jesús Velasco: “Elige los escenarios tradicionales de la imaginería popular, las costumbres, lo religioso, y los aborda de una manera inequívocamente moderna”. 

La autora va más allá al afirmar de la obra de Cristóbal Hara: “Retrata una España popular en la que se cruzan generaciones, tradición y renovación. Retrata de manera aparentemente casual el enfrentamiento entre contrarios: entre la infancia y la vejez, la muerte y la vida; sin embargo, sus imágenes no tienen nada de casual, son trabajadas, buscadas sistemáticamente”. 

Podéis encontrar más detalles sobre su biografía y una bibliografía ampliada entre los materiales adicionales del taller La estética del afecto.

Taller de fotografía Manual de instrucciones Taller de fotografía del afecto Matricúlate Diarios Fotográficos - Técnica - Lenguaje taller La Estética del Afecto La Estética

Bibliografía

Artículos

La fotografía de la cultura popular a partir de la Transición española por María Jesús Velasco ISSN 2172-0150 Nº 2 (2011) , pp. 56-74 recuperado en https://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:gTLRw1XAjLsJ:https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/3650559.pdf+&cd=4&hl=es&ct=clnk&gl=es 

Reportajes

Hara en el ruedo hispánico por Rocío de la Villael 29 de junio de 2006 en https://elcultural.com/Hara-en-el-ruedo-hispanico 

Conoce a Cristóbal Hara por Jota el 5 de septiembre de 2014 en https://jotabarros.com/conoce-a-cristobal-hara/ 

Entrevistas

Cristóbal Hara por Gustavo Bravo en https://fotogasteiz.com/blog/fotografos/cristobal-hara-vida-obra-biografia/ 

Cristóbal Hara, color y lenguaje a través del camino por Roberto Villalón Vara el 23 de junio de 2016 en https://clavoardiendo-magazine.com/mundofoto/entrevistas/cristobal-hara-color-lenguaje-traves-del-camino/ 

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