Creo que siempre, o casi siempre, durante nuestra infancia, la madre representa a la locura. Nuestras madres siempre permanecen como las personas más locas y extrañas que jamás hemos conocido

Marguerite Duras

Esta imagen se titula Mi esposa en la alegría y en la tristeza. Pertenece al trabajo fotográfico La Mujer en el proyecto Hombres del SXX del fotógrafo alemán August Sander.

Para quienes no lo conozcáis, August Sander fue considerado el primer retratista contemporáneo de la historia de la fotografía. Su trabajo se basa en una enorme colección de retratos de personas “tipo” de la Alemania de principios del SXX, desde cocineros hasta secretarias, actores de cine o mendigos.

La fotografía de Sander, su decisión de tomar la cámara y fotografiar a su mujer en un momento tan dramático (por si no os habéis dado cuenta el hijo que sostiene en su brazo derecho está muerto) así como la ambivalencia emocional que propone el título de la imagen, me llevan a pensar sobre la visión de la maternidad y la infancia en la fotografía.

Los álbumes familiares y sus nuevas formas de representación, surgidas desde la aparición de los photosharings como Instagram, muestran una exhibición constante de la intimidad y cotidianeidad que perpetúan estereotipos manidos sobre la belleza y la felicidad rechazando lo negativo, lo diferente y en definitiva, la reflexión.

A lo largo de las ediciones de los talleres de fotografía que he impartido, todos ellos relacionados precisamente con la creación de álbumes familiares o autorretratos, hay una pregunta común que siempre surge por parte de alguna alumna y que suele generar cierto debate: ¿Por qué parece que el dolor o la agonía son más fotogénicos que la alegría o la felicidad?

La última vez que me hicieron esa pregunta en un taller les pregunté a las alumnas qué era para ellas la felicidad. Hubo alguna respuesta elocuente pero sobretodo llegué a la conclusión de que se reflexiona muy poco acerca de la felicidad y que solemos caer en clichés como “vivir el instante” o “ser tú misma”.

Pensemos en algún momento en el que hayamos sido felices, por ejemplo, uno que suele salir a menudo: “cuando fuí madre”. Se me vienen a la cabeza esas fotografías de Rineke Dijkstra de mujeres con sus bebés después de parir. Sus rostros no son precisamente de alegría, pero tampoco de tristeza. En ellos hay incertidumbre, miedo, desconcierto, agotamiento, vulnerabilidad, extrañeza. ¿Y no tiene que ver la maternidad con todo eso?

Tras esto, se me ocurrió poner en Google “fotografía y maternidad” y me encontré con una sucesión de imágenes de mujeres embarazadas con sonrisas dibujadas en sus panzas, o lo que es peor, parejas simulando estar también embarazados, flores, tonos pastel, luces suaves, alguna fotito de Anne Guedes; tan hermosas, idénticas y estúpidas que se acababan en un instante. Esas fotografías pertenecen a nuestro imaginario sobre la maternidad, a esa visión ñoña y sentimentalista. Pero Rineke habla de maternidades desprovistas de toda épica y plantea preguntas que desmontan ese mito de ser madre como una experiencia llena de satisfacciones. ¿Os provocan dolor esas imágenes? ¿evocan sufrimiento? A mí no, pero hacen que me plantee millones de preguntas. ¿Y para qué sirve la fotografía sino para hacernos pensar sobre la vida, la muerte, las pasiones o las frustraciones humanas?

En realidad, la maternidad tiene que ver con la sexualidad, el problema es que la sexualidad se considera como algo que no se debe ver. Y la sensualidad tiene que ver con el contacto, con el roce, con el vínculo.

Ana Casas Broda
Ana Casas Broda
Ana Casas Broda. Kinderwunsch

Ana Casas fotografió su maternidad tras cinco años de tratamientos de fertilidad en su trabajo Kinderwunsch. Lo hizo de una forma honesta y carnal, con la complejidad que conlleva “una experiencia completamente avasalladora, es física, no puedes evitar volcarte en ella, y tener una disposición para vivirla”.

Son escenas íntimas donde sus hijos juegan con su cuerpo y donde Ana muestra las huellas que la implacable maternidad ha dejado en él. Según la autora, tener hijos desencadenó recuerdos y temores de su propia infancia, que agravaban su depresión post-parto. A través de la fotografía fue capaz de trabajar estos periodos oscuros y reconciliarse con sus temores. En sus fotos hay tristeza obviamente y dolor pero también hay anhelos, satisfacciones y sobretodo una reflexión íntima, personal y profunda sobre el deseo de ser madre.

Pensé que el hecho de convertirme en madre, cambiaría lo que soy… y quise reflejar eso

Elinor Carucci
Elinor Carucci

Después del nacimiento de sus gemelos, la fotógrafa israelí Elinor Carucci, decidió documentar sus experiencias como madre primeriza a través de la captura de una fotografía al día. Elinor expresa los temores que le provoca la maternidad, con respecto a su pérdida de identidad como mujer. Sus instantáneas son por encima de todo francas, y exploran los altibajos emocionales de este momento, pasando por el amor, la ira, la alegría o el miedo.

Las fotografías son estudios personales de mi familia; sin embargo, apelan a otros temas, como el envejecimiento, la enfermedad mental y la complicada dinámica de la relación entre madre e hija.

Tierney Gearon
Tierney Gearon

Del otro lado, la fotógrafa americana Tierney Gearon trabaja en torno a la interacción entre su madre, sus hijos y ella misma en su trabajo The Mother Project. Sus imágenes son inquietantes, ambiguas y de gran intensidad emocional, una mirada sin remilgos sobre las complejas relaciones familiares que establecemos.

Podría hablaros de Olivia Arthur, de Nan Goldin, de Sally Mann y de otras muchas mujeres que han representado la infancia o la maternidad desde sus propias preguntas, miedos y reflexiones, pero podéis encontrar sus trabajos fácilmente por internet. Yo personalmente intento no hablar desde estereotipos, internet ya está plagado de ellos. Como espectadora cuando miro una fotografía o leo unos versos, lo que busco y lo que me llega es que me hagan comprender un poquito más a las personas, a mí misma.

Las fotografías bonitas no son desafiantes, cuentan cosas que ya sabemos y además son increíblemente fáciles de hacer. Si queremos hablar sobre algo que tenga cierto interés vamos a tener que embarrarnos, hurgarnos, pensarnos, y en ese meternos para dentro vamos a descubrir cosas maravillosas, pero también dolor. Es la única forma de emanciparnos del discurso de siempre que nos convierte en idénticas, que no acoge ninguna otredad y hacernos cargo de nuestra propia imagen, de nuestras muchas y diferentes imágenes.

A mi madre, la mujer más enternecedoramente loca que he amado.

Taller La estética del afecto

En el taller La estética del afecto trabajamos el género de los álbumes familiares, además, de en el apartado técnico cómo afrontar un retrato, incluyendo dos masterclass en las que, por un lado se desarrolla una sesión con un ser querido, quizás el lugar más complejo donde poner en práctica ese diálogo.

Por otro lado, y para que visualices las diferencias, os mostramos otra sesión, en este caso, en un lugar que desconoces y al que te tienes que adaptar. Ahí, la observación y la imaginación toman más importancia que nunca. 

En La estética del afecto también descubrirás más cosas sobre Richard Avedon y otras muchas fotógrafas que sobresalen en el género de los Álbumes Familiares y los Diarios Fotográficos como Sally Mann o Larry Sultan. Y aquellos cuya concepción del lenguaje fotográfico los hace imprescindibles como Cristóbal Hara.

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