Un retrato fotográfico es un pulso. Una tensión entre retratador y retratado en el que ambos quieren que la imagen caiga de su lado. Lo malo es que en esa competición, una de las partes, ¿imaginas cuál?, en la mayoría de las ocasiones, ni siquiera sabe lo que quiere. 

Existen tres posibles maneras de confrontar esa situación para quien está detrás de la cámara, al menos tres que conozcamos: utilizar todos los recursos necesarios para plasmar la idea que pretendes transmitir, incluyendo el engaño; plegarse a las exigencias del retratado, que siempre presionará para que se fije la imagen que, supuestamente, debería mostrar al mundo exterior. O bien, una postura intermedia basada en el diálogo y la generación de una intimidad que requiere tiempo y paciencia por ambas partes, y raras veces está al alcance de un mundo que cabalga cada día más rápido. 

En esta entrada nos centraremos en un ejemplo de la primera de estas posiciones. Lo haremos sin prejuzgar. Con el objetivo de mostrarles a quienes alguna vez se imaginaron realizando proyectos fotográficos, y protagonizando uno de estos pulsos, ejemplos de cómo se comportaron algunas de las grandes figuras de la historia de la fotografía. De esas personas cuyas imágenes han pasado a formar parte de nuestra memoria colectiva. 

La cámara te roba el alma

Existe una idea preconcebida que afirma que una fotografía debe reflejar el interior de quienes van a ser retratados. Una idea no muy diferente de la que tenían los indios americanos, quienes se negaban a que los fotografiaran porque les robaba el alma. Aunque en nuestra sociedad narcisista, exigimos al profesional abrir la caja de la quintaesencia de nuestro espíritu, y conseguir que la cámara muestre la más sublime belleza del interior del retratado. ¿Quién quiere salir feo en una foto?

Como decía Richard Avedon, uno de las grandes figuras de la fotografía en el siglo XX: “A menudo siento que la gente viene a mi para ser fotografiadas, como irían a un médico o a una adivina, para averiguar cómo son”.

Eso pone al fotógrafo en una posición dominante y le da un ligera ventaja en ese pulso. Sin embargo, existe un componente fundamental para que se materialice en un buena foto: el fotógrafo, la fotógrafa debe saber lo que quiere. Debe tener muy claro el objetivo que busca y utilizar todos los recursos necesarios para conseguirlo (¿o no? Eso lo decides tú). 

Avedon y Marilyn para Life Magazine 

Para ejemplificar a lo que nos estamos refiriendo, seguiremos con Avedon, en una de sus sesiones de fotos más conocidas. La que realizó a Marilyn Monroe, una actriz norteamericana, icono de belleza de los años 50 del siglo XX. Un encargo para la revista Life Magazine del año 1957, que iba a ir acompañado por un artículo de Arthur Miller: “My Wife Marilyn”.

Marilyn era un animal ante la cámara. Estaba acostumbrada a vivir bajo los focos y a ser el centro de atención en cada instante de su vida allí donde fuera. 

Avedon lo sabía, y tenía un objetivo: quería una fotografía de Marilyn distinta a todas las que se le conocían. La revista había publicado muchas portadas de la actriz. El público la había visto desde todos los ángulos.

Una mujer fuerte hasta el final

Aquello no era el alma de Marilyn, y Avedon lo sabía. Incluso en sus peores momentos en 1962, un día antes de su muerte, la actriz se mostraba fuerte y declaraba: “Nada ni nadie va a hundirme. Realmente me molesta la forma en que la prensa ha estado hablando de mi, que los Estudios no me quieren, que estoy llena de pastillas, que bebo mucho… !Todo una mentira!… Últimamente estoy algo deprimida y en baja forma, son cosas del corazón, pero pasaran, todo pasa, pero nunca estaré acabada. Nada va a hundirme…” 

Sin embargo al fotógrafo no le interesaba retratar su alma. Quería la foto que nadie le había hecho. La foto que nunca se había publicado del gran icono sexual siempre perfecta. Ese era su objetivo y lo cumplió a la perfección. 

Estrategia: Agotar a la presa 

Para ello utilizó una estrategia que podríamos incorporar a nuestro bagaje. Seguro que en algún momento nos resultará útil. No era fácil pillar desprevenido a este animal de la cámara. Por ello, durante horas jugó con ella y la agotó. La hizo posar reproduciendo algunas de las imágenes de sus ídolos. Imágenes de Lillian Russel o Theda Bara, iconos similares a Marilyn de los años 20 y 30, que inflamaba hasta el extremo su ya inflamado ego. 

Avedon estaba desplegando su tela de araña. Él mismo declaró en algún momento, refiriéndose a la generación de complicidad con los fotografiados: “Tengo que comprometerlos. De lo contrario no hay nada que fotografiar. La concentración tiene que salir de mí y hacer que participen”.

Ya está cansada: Dispara

Tras una larga sesión, cuyos negativos no serían recuperados hasta muchos años después, Marilyn cansada y agotada bajó la guardia. Dejó de mirar a la cámara y miró hacia sí misma. Quién sabe qué pasó por su cabeza, qué estaba pasando por su mente en ese momento. A Avedon tampoco le importaba, la imagen ya estaba allí y él estaba listo para apretar el disparador… La fotografía nace y la relación muere: “cuando la sesión ha terminado, cuando la imagen está hecha, no queda nada, excepto la fotografía… la fotografía y una especie de vergüenza. Ellos se marchan… y yo no los conozco”. 

Decíamos antes que Avedon tenía un objetivo: la foto que nunca le habían hecho a Marilyn. Y lo consiguió. Plasmó a la protagonista de “La tentación duerme abajo” con una mirada melancólica, cansada, agotada, introspectiva y desarmada ante la lente. Quizás por primera vez en su vida, la cámara la había derrotado. 

Marilyn por Richard Avedon, 1957

Si lo piensas bien, tampoco importa, el objetivo se había conseguido y la foto, según Avedon, ha fijado una parte del alma, ¿de Marilyn, quizás de Avedon?:  “Si me encuentro con los retratados una semana más tarde en una habitación en algún lugar, espero que no me reconozcan. Porque no siento que realmente estuve allí. Al menos la parte de mí que era, ahora está en la fotografía. Y las fotografías tienen una realidad para mí que la gente no tiene. Es a través de las fotografías que les conozco”. Quién sabe, tampoco importa… ¿Qué alma muestra la foto?

Bibliografía: 

Comentarios ( 1 )

  • Jose Rojas

    ¡Me ha encantado el post!
    Conocía la historia tras la foto y también la motivación de Avedon para conseguirla, pero nunca había visto las fotos en color que le había hecho para agotarla.
    ¡Gracias!

    PD: A veces nos quejamos de los métodos de gente como Bruce Gilden, pero Avedon, a su manera, tenía que ser un elemento de armas tomar.

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