Just Kids, la historia de amor entre Patti y Robert. Podcast Latidos 37

Tenía tanta hambre y había trabajado durante una semana, hice cola para recibir mi cheque y me dijeron: no, la semana que viene. Estaba llorando y muy decepcionada y entonces un tipo me invitó a cenar. Un tipo extraño, mayor, de unos 30 años…

Me parecía que se estaba gastando mucho dinero en mí en la cena y empecé a preocuparme por lo que esperaría a cambio. Después de la cena fuimos a pie hasta Manhattan. Nos dirigimos al este y nos sentamos en un banco de Tompkins Square. Yo estaba buscando una vía de escape cuando él sugirió que subiéramos a su piso a tomar una copa. Miraba frenéticamente a mi alrededor, incapaz de responderle cuando advertí que se acercaba un joven. Reconocí de inmediato sus piernas arqueadas y sus alborotados rizos. Vestía un pantalón de peto y un chaleco de piel de carnero. Corrí hacia él y lo agarré del brazo.

– Hola, ¿te acuerdas de mí?
– Por supuesto. – dijo sonriendo
– Necesito ayuda, ¿te haces pasar por mi novio?
– Claro. – respondió como si mi inesperada aparición no le hubiera sorprendido. Lo llevé a rastras hasta el señor mayor
– Este es mi novio. – dije jadeando. – me está buscando, está enfadadísimo, quiere que vuelva a casa ahora mismo.
El hombre nos miró con curiosidad
– Corre. – grité, y el muchacho me cogió de la mano y corrimos hasta el otro extremo del parque.
– Gracias, me has salvado la vida- dije. Me llamo Patti.
– Y yo Bob.
– Bob, – repetí mirándolo de verdad por primera vez – Bob no te pega, ¿puedo llamarte Robert?”

Ahí comenzó todo…

Esa fue la primera vez que la poeta y compositora Patti Smith y el fotógrafo Robert Mapplethorpe se dieron la mano y desde entonces nunca se soltaron hasta la muerte de Robert en 1989.

Patti publicaría en 2010 Éramos unos niños un libro que narra una de las historias de amor más hermosas que he leído.

«Había días, grises días de lluvia, en que las calles de Brooklyn eran dignas de una fotografía… Juntábamos nuestras láminas y lápices de colores y dibujábamos como niños salvajes, hasta que agotados, nos derrumbábamos en la cama muy entrada la noche. Yacíamos uno en brazos del otro, aun vergonzosos pero felices, intercambiando apasionados besos mientras el sueño nos visitaba… El muchacho que yo había conocido era tímido y tenía miedo a expresarse. Sus mundos eran solitarios y peligrosos. Y vaticinaban libertad, éxtasis y liberación».

Amigos, amantes y compañeros de viaje

Robert y Patti fueron amigos, amantes y compañeros de viaje. Unos niños intentando crecer en el Nueva York de finales de los 60 y su historia se convirtió en un símbolo de aquella época. 

El Hotel Chelsea ya estaba repleto de artistas cuando este par de críos ávidos de arte, llegaron. Lehonard Cohen, Janis Joplin, Williams Burroughs o Jimy Hendrix habían paseado por los pasillos del mítico hotel regalando su arte al dueño a cambio de una noche más.  

«Sentí una inexplicable afinidad con aquellas personas. Jamás había podido predecir que un día tomaría su camino. En aquella época aún era una larguilucha dependienta de librería de 22 años, que lidiaba con varios poemas inconclusos»

El valor de la otra mirada

Y fue el fotógrafo quién insistía a Patti sobre el valor de sus poemas y su música. Ella, por su parte, le convenció para que abandonara los collages y comenzara a tomar sus propias fotografías. Aferrados a sus respectivos sueños e inspirados por Rimbaud, Dylan o Genet, seguían creciendo y descubriéndose juntos.

«Me agarró la mano. Ven conmigo allí hay libertad, tengo que descubrir quién soy. Yo ya soy libre le dije. Él me miró con desesperada intensidad. Si no vienes, estaré con un tío. Me volveré homosexual, amenazó. Yo solo lo miré sin comprender. No había nada en nuestra relación que me hubiera preparado para semejante revelación».

De amantes a amigos

Según Patti, pasar de ser pareja a ser amigos fue duro, pero el fotógrafo y la poeta tenían algo mucho más profundo que el sexo o vivir juntos. Compartían su pasión por el arte y entre ellos existía un apoyo y confianza mutuos que les hizo crecer como artistas.

Nada está terminado hasta que tú lo ves, le decía Robert Mapplethorpe a Patti Smith cuando, esperando su opinión, él le mostraba las que entonces eran sus primeras fotos.

«No habíamos hablado de lo que haríamos ni de cómo debía ser la fotografía. Él la haría, yo posaría. Las manos le temblaban mientras se preparaba para disparar. Me quedé quieta. Las nubes iban y venían. Hizo unas cuantas fotografías. Dejó el fotómetro, pasó una nube. ¿Sabes? me encanta la blancura de tu camisa. ¿Puedes quitarte la chaqueta?, dijo. Me eché la chaqueta al hombro como Frank Sinatra. Estaba llena de referencias, él estaba lleno de luz y sombras. Ha vuelto dijo. Hizo unas cuantas de fotografías más. La tengo. ¿Cómo lo sabes?. Lo sé. Eso día sacó 12 fotografías. Unos días después me enseñó la hoja de contactos. Ésta es la que tiene magia, me dijo. Cuando ahora la miro, no me veo nunca a mí. Nos veo a los dos».

Portada de Horses: Ser libres

Aquella imagen se convertiría en la portada de Horses, el álbum debut de Patti Smith. 8 temas a medio camino entre el spoken word y el rock que aún hoy nos enseñan a ser libres.

Robert supo que era seropositivo al mismo tiempo que Patti descubrió que estaba embarazada de su segundo hijo.

«Mi premonición juvenil de que Robert se convertiría en polvo, resurgió con implacable claridad. Voy a poder con esto, afirmó. Lo creí con toda mi alma».

Pero no fue así, Robert murió el 9 de marzo de 1989, tenía 42 años y una larga carrera como fotógrafo a sus espaldas. Pero más allá de eso para Patti siempre será ese chico de cabello rizado y collares estrafalarios que creyó en ella, en su poesía y en su música cuando aún eran unos niños.

“Si titubeo, si me siento falta de confianza, puedo acceder a esa parte de él que cree en mí. Y me siento más fuerte”.

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