En el cielo no hay cerveza, por eso la tomamos aquí

Esas palabras se leían en el cartel de la puerta de entrada al Café Lemitz, un lugar de encuentro y supervivencia de marineros, yonkis y prostitutas en Hamburgo. El fotógrafo sueco Anders Petersen llegó por primera vez en 1967 y lo que encontró allí, le hizo quedarse durante tres años y relacionarse con quienes regentaban el lugar, a través de su Nikon F.

El Café Lehmitz…

Era la una de la mañana y estaba esperando a mi amiga Gertrude en el Café Lehmitz de Hamburgo. Estaba hasta los topes y sonaba una música fantástica en la gramola. Era 1967. Un tipo se acercó y me preguntó por mi cámara, que estaba encima de la mesa. Era una Nikon F. Le dije que era una buena cámara. Él me contestó ‘yo tengo una mejor’. La suya era una Kodak Retina 1C. Levantamos nuestras cervezas y brindamos por nuestras cámaras. Luego fuimos a bailar con algunas chicas bonitas. De repente, me di cuenta de que al otro lado del café un grupo de gente se estaba pasando mi cámara unos a otros y estaban sacándose fotos. Fue allí y les dije ‘Hacedme una foto, que ésa es mi cámara.’ Ok, dijeron, y después me la devolvieron. Hice algunas fotos por mi cuenta, y así fue como empecé a fotografiar en el café Lehmitz.

Anders Petersen

Petersen iba con asiduidad al café, allí se encontraba con Gertrud, Ramona o Gretel y acabó formando parte del lugar. Todas esas imágenes se convertirían en uno de los proyectos más influyentes y representativos de la historia de la fotografía contemporánea. El secreto? Petersen es un testigo y a la vez toma parte, él mismo nos cuenta que son casi como autorretratos, ya no es así pero lo ha sido alguna vez. 

El fotógrafo no juzga, su mirada no es pretenciosa ni engolada, por el contrario nos arrastra a seguirlos, a brindar con ellos en busca de alivio, de unos tragos que nos anestesien un rato o de otra canción que bailar con alguien que nos abrace y nos haga creer que aún hay cosas que perder.

La portada del Rain Dogs

Lehmitz era un lugar único, un sitio de encuentro para débiles que se ofrecían mutuamente simpatía y comprensión, pero al mismo tiempo era el final del trayecto

En este contexto, no es extraño que el músico Tom Waits se enamorase de una de las imágenes de Café Lehmitz y y en 1985 la utilizara como portada de Rain Dogs, un disco que muestra el sonido de los invisibles, de los desalmados, el ir y venir de la ciudad y sus extraños personajes. 

La leyenda cuenta que Waits compuso este disco encerrado en un pequeño apartamento en la parte baja de Manhattan. Un lugar en el que, según él, sólo se escuchaba el agua correr por las tuberías. Cada tanto salía y grababa los sonidos de la ciudad y a partir de ahí trabajaba en las canciones.

La portada muestra a Rose y Lilly. Rose, al que llamaban así por su tatuaje en el pecho tiene el torso desnudo y está recostado sobre Lilly, una mujer carismática de la que muchos estaban enamorados. En la foto abraza al desdichado Rose y ríe a carcajadas porque él está en plan melodramático. El fotógrafo cuenta que estaba encantado de que la discográfica le pidiese la fotografía porque amaba la música de Tom Waits.

Y lo cierto es que Café Lehmitz y Rain Dogs parecen hablar el mismo idioma. Ambos componen una suerte de álbum familiar exento de romanticismo que hablan desde la honestidad sobre la eterna dualidad amor y muerte, sobre la alegría de quienes comparten soledad, fracasos y noche.

La gente siempre me decía que como fotógrafo uno tenía que ser fuerte. Pero era un error. Aprendí que hay que ser débil. Lo suficiente como para sentir.

Anders Petersen

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