Los reflejos como transmisores de lo real. Los mundos que se generan a través de esos reflejos. La mirada que traspasa lo que tiene frente a sí para mostrarnos que, la realidad construida por el fotógrafo, no son los objetos que pueblan los escaparates de la América de los años 60, sino la instantánea que se encuentra justo a su espalda. 

Una suerte de reinterpretación del mito de la caverna en la que el espectador, prisionero de la realidad que crea el fotógrafo, tan sólo puede agudizar sus sentidos y dejar que su intuición le guíe sobre lo que la imagen le pretende mostrar. Sobre autorretratos de sombras, de la propia sombra del fotógrafo que se proyecta sobre las que parecen ser las dos principales obsesiones de sus inicios: la realidad racial de los EEUU de mitad del siglo XX, y los reflejos, espejos, y pantallas catódicas que nos transportan a un mundo irreal que convive con lo cotidiano en blanco y negro. 

Exposición en Sala Recoletos. Fundación Mapfre

Estas son las sensaciones y reflexiones que nos sugieren la visita a la Exposición Lee Friedlander que acoge la Fundación Mapfre de Madrid desde el pasado 1 de octubre y que podrán visitar hasta el 10 de enero del 2021 en la Sala Recoletos de Madrid. 

Esta exposición, que ha comisariado Carlos Gollonet, aúna el trabajo de más de 6 décadas de este fotógrafo, nacido en 1934 y que aportó una visión única y personalísima, en un momento en el que el ambiente fotográfico estadounidense estaba lleno de gigantes que cambiaron la manera de entender la fotografía como Robert Frank o Diane Arbus. 

Un gigante entre gigantes

Haverstraw, Nueva York, 1966 Imagen de plata en gelatina 28 x 35,5 cm © Lee Friedlander. Cortesía del artista y Fraenkel Gallery, San Francisco

Sin embargo, en este contexto, Friedlander supo respetar y construir su propia mirada, expresada de manera lúcida en los contrastes de su trabajo Little Screen, publicado en 1963 en Harper’s Bazaar. Lo encontrarán en la primera gran sala durante su visita. 

Llegamos a ella tras un breve proceso de presurización realizado por Gollonet al presentar otra de las obsesiones de Friedlander, el jazz. Cuando todavía suena esa música envolvente, entramos en una sala en la que, si seguimos el itinerario previsto, nos atraparán imágenes que nos convierten en los prisioneros de Platón condenados a preguntarnos quién son los que mueven los hilos de los reflejos que se encuentran tras el fotógrafo, en la consumista sociedad estadounidense que posa despistada a nuestras espaldas. 

Unas imágenes que parecen contradecir las propias palabras del fotógrafo cuando afirma: “Tiendo a fotografiar aquello que se encuentra frente a mí”. Nos atreveríamos a decir que en esta etapa de su carrera, fotografiaba lo que se encontraba tras de sí. 

Self Portrait 1970

“Uno no se ilumina imaginándose figuras de luz, sino tornando la oscuridad consciente» (Carl Jung)

En el final del trayecto de esa sala, nos topamos con otras de las partes del trabajo que nos ofrece esta exposición. Si decíamos que Friedlander atrapaba la realidad a través de sus reflejos, en la serie de autorretratos nos da la sensación que se atrapa a sí mismo a través de su sombra. De los contrastes que la luz crea cuando pretende captar su yo con la Leica. Y sobre todo, nos sorprende cómo proyecta esa sombra, a modo de arquetipo junguiano, de nuevo sobre sus obsesiones, sobre la sociedad racial y desigual de los EEUU de inicios de los 60.

Imagen: Cañón de Chelly, Arizona, 1983 Imagen de plata en gelatina 35,5 x 28 cm. © Lee Friedlander Cortesía del artista y Fraenkel Gallery, San Francisco

Trabajo en España

Del trabajo que realizó en España, producto de una beca de la Fundación Guggenheim en 1964. En este caso, más que las imágenes en sí mismas, destacamos sobre todo su recuperación por parte de la Fundación Mapfre, en un esfuerzo por conservar esta memoria que seguramente pasaría desaparecida.

El encuadre preciso

En la visita, la siguiente serie que sobresale es The American Monument. Tal y como se recoge en los textos explicativos, una de las más relevantes de Friedlander y en la que podemos apreciar el oficio del fotógrafo. 

Albuquerque, 1972 Imagen de plata en gelatina 28 x 35,5 cm © Lee Friedlander Cortesía del artista y Fraenkel Gallery, San Francisco

Pero sobre todo, la que carga de razón a la reflexión que nos viene acompañando desde que comenzamos la visita, la búsqueda del encuadre preciso. En esta serie, como en la mayoría que nos encontramos en esta sala, pero sobre todo en Alburquerque, 1972 comprendemos lo que el comisario nos quiere expresar cuando afirma: “Si en la fotografía de Cartier-Bresson tenemos la sensación de que todo ocurre en un instante, que en un abrir y cerrar de ojos lo que vemos ya será otra cosa, cuando Friedlander toma una fotografía, imaginamos que un segundo más tarde todo será igual, pero también sabemos que la imagen dejaría de ser la que es si alguno de los elementos desapareciera”. 

He ahí la definición del encuadre preciso, la que se “se centra en cómo el mundo frente a su cámara deviene en fotografía”. 

De la Leica a la Hasselblad Superwide

El cambio de su herramienta de trabajo, durante los años 90 adquiere una Hasselblad Superwide, provoca una renovación de su lenguaje y temática. Con esta nueva cámara y su negativo cuatro veces mayor que la Leica, se puede permitir dedicar más atención a los detalles con lo cual encontramos una fotografía más pausada y solitaria. 

Esto, lo vemos reflejado en la serie The Desert Seen (1996) en la que la luz y el flash destruyen el desierto de Sonora en un trabajo en el que “intenta captar en profundidad la complejidad de ese intrincado lugar”. 

Trabajadores

Finalmente, en Trabajadores, producto de una serie de encargos que recibió y en los que apreciamos un retrato único de la nueva clase trabajadora estadounidense. Cuando las relaciones laborales en el país se tornan definitivamente un calvario de pleno empleo y escasa dignidad. Con el nacimiento de nuevos sectores como el telemarketing, a la vez que la clase trabajadora industrial comienza a desmoronarse. 

Omaha, Nebraska, 1995 Imagen de plata en gelatina 51 x 40,5 cm © Lee Friedlander Cortesía del artista y de Fraenkel Gallery, San Francisco  

Friedlander recoge en muchas de las imágenes que nos muestran en la exposición, ese nuevo trabajador que nace en los EEUU y se exportará al resto del mundo. Con primeros planos tomados con angular, con un flash agresivo que saca a la luz todas las imperfecciones del fotografiado. Un trabajador aislado, pendiente del teléfono o rodeado de grandes máquinas que lo usan más que son usadas por él. Una perfecta descripción de esa nueva clase trabajadora que no se reconoce en la persona que ocupa el cubículo de al lado, sino en los deseos de una sociedad consumista a la que pertenece y en la que sólo puede vender o ser vendido. 

Comentarios ( 3 )

  • Jose Rojas

    ¡Una pena que no hayan incluido su serie “America by car” y la de televisores en habitaciones de moteles!
    Muchas gracias por describir la exposición para los que estamos fuera de Madrid. Friedlander es uno de mis fotógrafos favoritos y estoy loco por poder escaparme antes del 10 de enero a disfrutar de la expo.

  • Buenas Jose, América by Car se incluye en el último tramo de la exposición, si eres seguidor de Friedlander seguro que lo vas a disfrutar de lo lindo. Un abrazo

    • Jose Rojas

      Con tanta fiesta, conciertos, viajes y actividades sociales masivas durante el puente, me he distraído y he tardado en leer vuestra respuesta 😂
      Me acabáis de hacer feliz. Esa parte de la obra de Friedlander es de mis favoritas (durante un tiempo estuve detrás de ese libro).
      ¡Ahora lo único que queda es poder subir a Madrid sin que me multen por el camino!

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