Bueno…pues ya estamos. Yo volví hace un par de días de unas vacaciones. Como siempre han sido cortas, como siempre me he pasado la mitad de ellas sin poder salir del modo productivo, y de nuevo he vuelto a cerrarme Instagram harta de ver que todo el mundo estaba pasando “el mejor verano de su vida” mientras yo pasaba un verano más o menos tranquilo, nada fuera de lo normal. Si te ha pasado algo similar, sigue leyendo.

No he sido la que más ha saltado, de espaldas a un mar turquesa con un bikini sexy, no me he pintado las uñas de los pies de mil colores (de hecho han estado bastante descascarilladas hasta que he llegado a casa y he conseguido quitármelas), no he dormido siestas en una palmera (no tengo tanto equilibrio), no he tomado un Martini en una piscina infinita a la caída de la tarde (soy más de litronas de cerveza bajo la sombrilla cuando el sol está en lo más alto), tampoco me he enamorado (ya venía con el trabajo hecho de casa), ni tengo mi foto en un velero (el verano que viene quizás me compre una colchoneta o alquile una pedalina, que está la cosa regular).

No, no he hecho nada de eso, solo he intentado cambiar de decorado, dormir más de lo que necesito, comer y beber de más sin sentirme culpable (hasta que he vuelto a casa) y leer unas cuantas páginas de algún libro cuando me aburría de scrollear en Instagram y bañarme en la playa. Pero eso no da para inflar las redes con mis cosas y dar envidia, ni para decir “este ha sido el mejor verano de mi vida”. 

Y para mi ha estado bien, de verdad, mola cuando las cosas no se salen de madre y simplemente se desarrollan con tranquilidad, tal y como afirmaba la genia Jeanette Winterson a la que homenajeo en el título. Que también, vaya angustia y estrés si nuestra vida fuese la pera limonera todo el rato, ¿no?

Pues con esta filosofía comenzamos la temporada de otoño. Después de cumplir un añito desde que empezó la aventura de La Imagen Latente (tampoco ha sido la aventura de mi vida, todo ha ido más o menos normal) y además de sacar nueva edición de los talleres, te quiero hacer una propuesta:

#UnVeranoNormal

Marin Parr. SPAIN. Benidorm. 1997.

Los veranos también se pasan en playas llenas de gente, con edificios en primera línea y no nos engañemos, nunca llegamos a la playa morenazas y con el tipín que nos gustaría.

Bajo el hashtag #UnVeranoNormal me gustaría que rebuscases entre esas fotos que no te parecían lo suficiente instagrameras porque no estabas en la playa más bonita del mundo ni lucías bañador a lo Pilar Rubio, me explico: esa del día de playa normal que estuvo nublado, o la foto en la que a tu hermana se le caía la baba mientras dormía una siesta normal en una playa normal, la de tu kit dominguero normal de sombrilla de Camy y nevera de poliespan, esa en la que una ola acabó por bajarte tu bañador normal o ese atardecer normal con la playa atestada de gente. Arriba tienes esa foto del maestro Martin Parr para que nos entendamos.

Sobre todo buscamos fotos de un verano normal (no tiene porqué ser este, de hecho en los álbumes familiares parece que solíamos pasar veranos más tranquilos que en Instagram, así que rebusca en ellos) que sin embargo hayas mirado con cierto sentido del humor porque entendiste que el mundo, por mucho que se empeñe Instagram, no tiene tantas playas desiertas (y menos este verano que nos ha dado a todo el mundo por hacer turismo nacional de sol y playa a lo loco), ni tanto vientre plano.

Cómo participar

  1. Sube tu foto y ponle el hashtag #UnVeranoNormal
  2. Etiqueta a @laimagenlatentephoto
  3. Síguenos en Instagram.
  4. Y menciona a dos personas en los comentarios de tu foto.

Puedes subir tus fotografías desde hoy 8 de septiembre hasta el 17 de septiembre a las 00:00 h.

El equipo de La Imagen Latente valorará la imagen menos instagramera y ganará una matrícula en uno de los tres talleres que relanzamos este año. Y todas seguro que ganaremos un rato en el que nos echemos unas risas.

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